miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL CUERPO QUE SE AMA



Me sumerjo en un lugar donde pocos han sido llamados, una cueva llena de agua color turquesa, un acantilado desde donde distingo mis senos, desde donde puedo ver mi cintura y el diamante que la corona, al seguir te observo debajo de mi y encuentro esa convergencia, el único punto donde somos uno y las pieles se mezclan, el sitio preciso donde los bosques se juntan para cubrirnos, finalmente te siento. El cuerpo que se ama es distinto al que solo se disfruta. Porque la piel del objeto es menos piel, es memoria porque no tiene olor, o es muy débil. El cuerpo que solo se disfruta puede tener formas hermosas, pero no logra volverse motivo, se disuelve cuando todo termina, junto con su dueño y lo que lo compone. Ser amante no es ser objeto, el cuerpo que se ama te contiene y me contiene, cada rincón se recuerda vívido porque tiene un aroma distinto, su piel tiene matices que a la luz del sol se modifican. Los ojos que se aman buscan a los tuyos y tu no los rehuyes porque el cuerpo que se ama se disfruta completo, danza contigo, palpita contigo, se mueve en conjunción, gime contigo, se eleva contigo y logra volar contigo, porque es ligero, no representa un peso. El cuerpo que se ama no se va cuando todo termina, sus olores te siguen todo el día, cierras los ojos y puedes volver a tocarlo y ansías volver a liarte en nudos junto con él, sin palabras se ha cerrado un trato. Un pacto silente, primitivo, dulce, amargo, rojo, cálido. ESE ES EL PODER DEL CUERPO QUE SE AMA!